Salud
La risa es sinónimo de conexión y lenguaje terapéutico
Estudios revelan que la risa es una característica innata, al ver que incluso personas sordociegas, pueden reír aunque no han visto ni oído una risa
Caracas, 26 de junio de 2025. Un estudio investigativo arrojó que al menos 65 especies de animales emiten sonidos similares a la risa humana cuando juegan o cuando le hacen cosquillas, lo que podría ser un reflejo de algo contagioso o innato, al igual que con los seres humanos, al oír el característico sonido.
La risa surge como reflejo biológico, según estudios que ponen de ejemplo a los bebés, los cuales sonríen desde el primer mes de vida y comienzan a reír alrededor de los tres meses, incluso antes de comprender las dinámicas sociales que los rodean.

Asimismo, de forma muy similar, las personas que son sordociegas, que nunca han visto ni oído una risa, particularmente ríen de manera espontánea, lo que señala el carácter innato de este comportamiento.
Pasando al plano animal, las vacas, loros, perros, delfines, urracas, los simios y las ratas, son animales que emiten sonidos singulares a la risa, lo que denota que las carcajadas no son algo exclusivamente humano, sino que es un rasgo evolutivo muy antiguo.

A diferencia del habla, que requiere de un lenguaje complejo, la risa es instintiva y contagiosa, lo que crea el refuerzo del sentimiento de pertenencia a un grupo.
Claves de la risa y el humor
En contexto, la gelotología, ciencia que estudia la risa, lleva años buscando una respuesta a esta pregunta, y a pesar de que existen 20 teorías al respecto a modo de intentar explicarlo, no existe un resultado final.
A pesar de esto, la mayoría de los modelos actuales coinciden en tres factores claves: la percepción de una violación de expectativas (incongruencia), la evaluación de esa violación como inofensiva y la simultaneidad de ambos procesos.
Es decir, que la risa aparece cuando algo desafía nuestras expectativas de forma repentina pero al mismo tiempo inofensiva, la cual procesamos de manera inmediata.
Un ejemplo de esto, es cuando alguien resbala de forma inofensiva por el piso mojado y éste se levanta riendo, al verlo nuestro cerebro registra sorpresa y al comprobar que no hay riesgo alguno, por ser un «tonta caída», se libera la tensión acumulada por un momento con una sonora carcajada.

Este mecanismo explica por qué un chiste fallido no causa gracia (falta sorpresa) o por qué un accidente real no es cómico (el suceso no es inofensivo).
De igual forma, no todos los estímulos humorísticos son universales: las diferencias culturales, personales y contextuales afectan profundamente lo que se considera gracioso.
Un mismo chiste puede resultar gracioso y ofensivo, dependiendo de la cultura.
Procesos cognitivos que se activan en nuestro cerebro por carcajear
Múltiples estudios han demostrado que el procesamiento del humor involucra diversas regiones: mientras la incongruencia se detecta en la corteza prefrontal dorsolateral, la unión temporo-occipital revisa su carácter ofensivo.
Al confirmarse la ausencia de riesgo, se produce cambios en la materia gris periacueductal y se activa el circuito de recompensa, liberando el neurotransmisor dopamina y desencadena la carcajada.

Igualmente, no todas las risas tienen la misma intención; la risa emocional ligada a un estado de placer genuino, es innata y espontánea, activando respuestas cerebrales asociadas con la recompensa emocional, como el núcleo accumbens y la amígdala.
Por el contrario, la risa voluntaria se aprende y funciona como una herramienta social para reforzar vínculos emocionales, y esta depende de áreas cerebrales apegados a movimientos conscientes.
Mientras los jóvenes activan las zonas vinculadas al placer emocional, los adultos prefieren aquellas áreas relacionadas con el procesamiento complejo, la reflexión asociativa y la memoria autobiográfica.

Hay que carcajear para sanar
Cuando reímos, el sistema opioide endógeno, el cual está relacionado con sensaciones de placer y calma, se activa y libera dopamina junto a serotonina: sustancias claves en el bienestar psicológico y en la reducción del estrés.
La llamada risoterapia ayuda a reducir niveles de cortisol (hormona del estrés), aliviar la depresión y la ansiedad, mejorar la calidad del sueño e incluso a aumentar la tolerancia al dolor.

Consecuentemente, la risa no es solo un pasatiempo agradable ni un lujo ocasional. Es un pilar fundamental en nuestra salud y en el bienestar social.
Por el contrario, aprender a reír más, a buscar motivos de alegría en lo cotidiano, puede ser tan crucial para nuestra vida como cuidar la alimentación o hacer ejercicio físico.

