Opinión
Volver a la Raíz: El Socialismo como Abrazo y Refugio de la Patria
Lea artículo de opinión escrito por Toro Belisario
Fue una noche de esas en la que algo no te deja dormir, un zumbido en la mente que te despierta una y otra vez.
Ya con los primeros destellos del sol, decidí poner a sonar las chispas del fuego y el roce del metal de la ollita y la hornilla a la espera del café.
Pensaba: ¿Quiénes más estarán así? ¿Cuántos más despiertan en silencio preguntándose qué hacer?.
En tiempos de tormenta y asedio, cuando la fatiga acecha y el enemigo pretende que escondamos las banderas para volvernos grises, el deber más urgente es recordar quiénes somos y buscar el abrazo permanente de aquello que un día nos hizo brillar los ojos.
Han intentado vendernos la ilusión de un pragmatismo sin alma, de una asepsia política donde las palabras sagradas molesten y los símbolos se diluyan.
Pero el pueblo no se alimenta de eufemismos. El Ecosocialismo no es una moda verde ni un barniz ecológico para suavizar el discurso; es la copa florecida de rojo de un árbol milenario cuya raíz profunda y nutriente se llama Socialismo Bolivariano.
Perder la identidad es empezar a entregar la Patria. Ante la agresión sistemática que pretende desmoralizarnos, hay que volver a pisar la tierra firme de nuestra doctrina.
Recordar que ser socialista en la América Latina del siglo XXI es el acto de amor más radical y hermoso por la humanidad y por la naturaleza.
Es asumir el legado de hombres y mujeres que lo dieron todo por la libertad; es la dignidad de Bolívar, la pasión libertaria de Manuela Sáenz, las luchas de estudiantes enamorados en calles encendidas, aquel 27 de febrero, el huracán de obreros y campesinos que se fue a las calles con la firmeza de Argimiro Gabaldón y el fuego sagrado del Comandante Hugo Chávez, quien nos devolvió el orgullo de llamarnos socialistas sin pedirle permiso a nadie.
Como señalaba con precisión el maestro José Carlos Mariátegui, el socialismo indoamericano no puede ser ni calco ni copia, sino la creación heroica de nuestras propias manos y saberes.
Y hoy, esa creación heroica exige comprender el momento histórico, entender la lucha externa y los matices que esta toma en un proceso de clara mejoría de las fuerzas hegemónicas imperiales en la región y el mundo.
Esto no quiere decir que estamos entregados y sumisos; los pueblos siguen levantando sus banderas y están en ofensiva.
Basta con mirar los procesos en Suramérica, donde la derecha no ha logrado consolidar mayorías contundentes y, muy por el contrario, ha llegado al poder con artimañas, rasguñando dudosos votos mientras sus calles se calientan con las banderas en alto.
En nuestro caso y en el de Cuba, la bota imperial ha pisado más fuerte; intentan asfixiarnos y desmoralizarnos.
Hemos tenido la prudencia de no salir al martirio y saber medir los tiempos, pero la sangre hierve y es impaciente. Nuestras banderas -esas que enarbolan la justicia social, la igualdad y la paz, esas que nos indican que la única ruta posible de salvación frente a la barbarie destructiva del capital es la vía ecosocialista- están ahí, y no pretendemos guardarlas o pintarlas de colores pasteles para suavizar y agradar al burgués allá en su silla, como decía Alí.
El capitalismo privatiza la vida, seca los ríos, cementa los sueños y convierte al ser humano en una mercancía solitaria.
El Socialismo, en cambio, propone la comunidad, el refugio, la mano tendida del vecino, la educación liberadora y gratuita, la reducción de la jornada de trabajo para que abracemos a nuestras hijas e hijos, para darnos el tiempo del arte, el deporte y la cultura.
El socialismo es la raíz profunda del ecosocialismo; es decir, de la armonía sagrada con la Madre Tierra.
No confundamos el camino ni las señales que nos llevan en su transitar. Los símbolos rojos, la mística comunera y los ojos de Chávez son la memoria de nuestras luchas, son las trincheras donde la esperanza se reconstruye cada mañana.
Cuando el asedio apriete, volvamos a la calle a pasear la doctrina, a explicarle al joven y a la abuela que en el proyecto bolivariano no hay espacio para el desencanto.
El Ecosocialismo es la arquitectura del afecto, la ciencia del cuidado mutuo y la promesa cierta de una Patria digna, viva y libre, que late con su corazón a la izquierda.
Que nadie arríe las banderas; aquí hay un pueblo de pie que sabe de dónde viene y hacia dónde camina.
¡Solo unidas y unidos seremos invencibles!

