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Opinión

Victoria de España: la decencia como arma revolucionaria

Lea el artículo del periodista Randolph Borges

Publicado

en

España

La conquista de la Copa del Mundo por parte de la selección española trascendió los límites del deporte para convertirse en un rotundo símbolo de resistencia contra el abuso de poder hegemónico. En un escenario marcado por la manipulación institucional de la FIFA y las presiones de la geopolítica estadounidense, el combinado ibérico levantó el trofeo como un estandarte de decencia frente al cinismo de los poderosos. Este triunfo demostró que la soberanía en la cancha puede quebrar los designios de los despachos y de los intereses corporativos que dominan el fútbol global.

El rechazo al autoritarismo quedó grabado en gestos memorables durante la ceremonia de premiación. Jugadores como Borja Iglesias evidenciaron su incomodidad al saludar con frialdad al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mientras que el capitán Rodri protagonizó una lección de dignidad al esperar pacientemente a que el mandatario norteamericano abandonara el estrado para levantar la copa junto a sus compañeros. Esta postura desafiante marcó una línea clara entre los atletas comprometidos con sus valores y los gobernantes acostumbrados a instrumentalizar los eventos globales en beneficio propio.

Frente a la soberbia del poder, la plantilla española opuso una profunda humildad que conectó directamente con las raíces populares. Nico Williams conmovió al mundo al entregarle su medalla de oro a su madre, un homenaje a la lucha de las familias migrantes. Por su parte, Lamine Yamal, quien ya había anticipado su consagración con actuaciones deslumbrantes en el terreno de juego, dedicó el éxito a su infancia, a la calle donde jugaba y a su barrio de origen. Estos actos recordaron que el verdadero talento nace de la perseverancia comunitaria y no de los despachos de la oligarquía deportiva.

La repercusión de esta victoria resonó con fuerza en latitudes que sufren la opresión y el intervencionismo occidental. Naciones como Palestina, Irán y diversos pueblos de Medio Oriente celebraron la gesta española como una reivindicación simbólica en su propia resistencia contra el sionismo y la injusticia internacional. Al destronar a una selección argentina fuertemente favorecida por sectores vinculados al poder fáctico de la FIFA, el equipo español encendió una luz de esperanza que recuerda al planeta que es posible actuar con integridad en un mundo plagado de impunidad.

Es difícil separar esta historia deportiva de la política, sobre todo porque así la asumieron quienes dan las órdenes. Por ello, este hito deportivo supuso un golpe directo contra los sectores reaccionarios en el ámbito interno.

La victoria de estos jugadores sencillos y desafiantes, silenció temporalmente a la ultraderecha española, que observó con indignación cómo una selección diversa y popular abrazaba valores diametralmente opuestos al odio del extremismo conservador. Felicitamos a esta España rebelde que desafió al poder establecido, a sus autoridades a quienes se intentó vetar en la celebración y al pueblo que demuestra que la decencia sigue siendo un arma revolucionaria.

*Randolph Borges. Periodista

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