Ciencia
Humo del Cónclave: Conoce el complejo proceso de creación
El humo comenzó a implementarse como una analogía entre las oraciones que suben a Dios y el humo, que señala la elección del nuevo Pontífice
Vaticano, 07 de mayo de 2025. Parte fundamental de la realización del Cónclave para la elección del nuevo Papa, es la pequeña chimenea que reposa en lo alto de la Capilla Sixtina, pues es el foco de atención internacional, al ser la señal oficial del famoso «Habemus papam» . Expertos explicaron que el riguroso proceso de ensayo y pruebas para que se dé esta esperada seña.
En este sentido, cuando la Iglesia Católica elige a un nuevo Papa, el humo que sube por la chimenea es de color blanco, simbolizando la decisión total resultante del Cónclave, pero si el que sale es de color negro, es que aún no se ha cantado «¡Tenemos un Papa!».
Lo que el mundo entero desconoce, es la verdadera complejidad oculta de este ritual, que constituye el cuidado a detalle de la construcción de la chimenea, el diseño de la estufa y las recetas químicas precisas; todo esto para garantizar que el humo transmita un mensaje claro.
En base a esto, profesionales en la materia detallaron al BBC que el proceso requiere «dos fuegos artificiales a medida», ensayos de pruebas de humo y bomberos en estado de alerta.

La tradición de quemar las papeletas de votación de los cardenales, existe desde el siglo XV, convirtiéndose en parte esencial de los rituales concernientes al Cónclave, lo que sella la transparencia del proceso y evita la manipulación.
Químicos que producen «humo veraz» al mundo exterior
En contexto, el Vaticano comenzó a implementar el humo como medio de comunicación con el mundo exterior, manteniendo estrictamente la confidencialidad del proceso de elección.
Esta tradición es usada como una analogía entre las oraciones, que suben a Dios y el humo que señala la elección del nuevo Pontífice.
«En la tradición católica, las oraciones ‘ascienden’ hasta Dios. El uso del humo evoca estos rituales religiosos y la estética de asombro y misterio que los acompaña», le dice a la BBC Cándida Moss, profesora de teología de la Universidad de Birmingham, Reino Unido.
También Moss señaló que el humo ascendente permite a las personas que se reúnen en la plaza de San Pedro «sentirse incluidas, como si estuvieran incorporadas a este asunto misterioso y secreto».
Los motivos son simbólicos, pero hacer que funcione en el siglo XXI requiere ingeniería del mundo real.
Proceso de instalación en la Capilla Sixtina
En el interior de la Capilla Sixtina se instalan temporalmente dos estufas específicas para el cónclave: una para quemar las papeletas y otra para generar las señales de humo.
Por consecuente, ambas estufas están conectadas a un pequeño conducto -un tubo dentro de una chimenea que permite la salida del humo- que sube por el tejado de la capilla hasta el exterior.
Mientras los obreros montaban andamios y construían las estufas en el interior, unos bomberos aseguraban con cuidado la parte superior de la chimenea.

La Capilla Sixtina, adornada con las pinceladas de Miguel Ángel, no está precisamente diseñada para señales de humo, por lo tanto, la chimenea requiere una instalación de forma discreta y segura.
Por ende, los técnicos utilizan una abertura existente o crean una trampilla provisional por la que se introduce el conducto para que salga el humo, normalmente de un metal como el hierro o el acero. La tubería va desde las estufas hasta el exterior, y emerge a través del techo de tejas sobre la plaza de San Pedro.
Cada junta se sella para evitar fugas y cada componente se somete a pruebas.
Los especialistas en el recinto eclesiástico, ensayan en los días previos de la realización del Cónclave, asegurándose de que el tiro de la chimenea funciona en tiempo real; para esto también participan activamente los bomberos del Vaticano, por si ocurre alguna avería en el proceso.
«No es como poner una tubería en un horno de pizza. Cada parte del sistema tiene que instalarse sin dañar nada», explica a la BBC Kevin Farlam, ingeniero de estructuras que ha trabajado en edificios patrimoniales.
De igual forma, este montaje se construye días antes de la llegada de los cardenales y se desmonta una vez elegido el Papa.

Producción del humo
Para que la señal sea visible, los técnicos del Vaticano utilizan una combinación de compuestos químicos.
Al respecto, el profesor Mark Lorch, jefe del departamento de química y bioquímica de la Universidad de Hull, en Reino Unido, señaló que «para el humo negro, se quema una mezcla de perclorato potásico, antraceno y azufre, que produce un humo espeso y oscuro. Para el humo blanco, se utiliza una combinación de clorato potásico, lactosa y colofonia de pino, que se quema de forma limpia y pálida».
Explicó que en el pasado, se intentaba quemar paja húmeda para crear un humo más oscuro y paja seca para hacer un humo más claro, pero que esto causaba cierta confusión porque a veces parecía gris.
Igualmente, argumentó que estos productos químicos están «preenvasados en cartuchos y se encienden electrónicamente», por lo que no hay ambigüedad.
El toque de campana, introducido durante la elección del papa Benedicto XVI, sirve ahora de confirmación y se utiliza junto a la señal de humo.

Vaticano dice no a la modernización del sistema
A lo largo de los años se han hecho propuestas para modernizar el sistema: luces de colores, alertas digitales o incluso votaciones televisadas.
Pero para el Vaticano, el ritual no es sólo una herramienta de comunicación, es un momento de continuidad con siglos de tradición.
«Se trata de tradición y secretismo, pero también tiene un peso teológico real», afirma Moss.
Además, para la Iglesia católica, estar a la vanguardia no es un sinónimo, pues para ellos, la innovación es casi antitética al ritual.

