Opinión
El Archivo Histórico de Miraflores: Guardián de la memoria patriótica de Venezuela
Lea el artículo de José Gregorio Linares, director del Archivo Histórico de Miraflores
Cuando el 09 de diciembre de 1902 las potencias europeas (Alemania, Gran Bretaña y posteriormente Italia) bloquearon y bombardearon las costas de Venezuela, el gobierno de Cipriano Castro y el pueblo venezolano respondieron con dignidad y coraje ante la agresión extranjera.
En general, los Gobiernos que sucedieron al General Castro quisieron olvidar lo ocurrido, minusvalorar este hecho histórico, ocultar la heroica respuesta de los venezolanos y hasta burlarse del Presidente que tan dignamente enfrentó la agresión. Pero allí están, entre los anaqueles del Archivo Histórico de Miraflores los documentos que hablan de la dignidad de un pueblo que se niega a ser sometido, y de la entereza de un gobernante que estuvo a la altura de la difícil circunstancia histórica. En ellos no solo hay papeles viejos: está el eco de las voces que una vez colmaron plazas y calles exigiendo respeto por nuestra nación.

En este Archivo está resguardada con celo la Alocución del presidente Castro en la que denuncia: “La planta insolente del Extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria”.
La violencia desatada
También abundan entre los documentos, los testimonios de la rapacería ejecutada por los invasores, que sin una previa declaración de guerra nos atacaron. En telegrama del 14 de diciembre se informa que en una de sus incursiones contra nuestros navíos, “se llevaron a bordo los cañones de cobre, se llevaron también algunos muebles, animales, y los que no se llevaron, los mataron botándolos después al agua. La rapiña ha venido a sumarse a los ultrajes y actos de fuerza brutal cometidos”.
En el mar, varios de nuestros buques fueron confiscados, desvalijados o hundidos por los agresores, quienes apresaron a los tripulantes, destruyeron nuestra bandera, y en su lugar izaron las suyas. También causaron grandes males en tierra firme. El 20 de enero de 1903, bombardearon durante ocho horas el pueblo de San Carlos en el Zulia, ocasionando cerca de 40 muertos.
Resistencia popular y dignidad nacional
La Proclama del Presidente, como un reguero de pólvora, se difundió por toda Venezuela e insufló el corazón de las mujeres y hombres patriotas, sin distingos de condición social ni de bandería política. Los soldados y oficiales se fueron a las costas amenazadas; los civiles se alistaron masivamente en las milicias populares; en los pueblos y ciudades se crearon cientos de comités cívicos en defensa de la patria.
De todas partes llovieron telegramas como éste, dirigidos al Presidente de la República, donde le informan: “ya tengo organizadas 20 compañías de milicianos con las cuales estaré a su lado para ir al sacrificio si fuere necesario en defensa de la Patria.” O ésta de Antonio Linares, quien solicita que se le “autorice, para organizar, disciplinar y llevar a la guerra, un cuerpo de voluntarios que llevará el nombre de Batallón Venezuela”.
Abundan esquelas como la de Silvestre E. Cavallo, quien “como hijo de esta mi patria querida, le suplico acepte mis servicios como doctor en medicina en farmacia, y como soldado en el ejército de Vanguardia que marche a reivindicar la honra de la patria”.
Una multitud de jóvenes patriotas se fue al Palacio de Miraflores a ponerse a las órdenes del Comandante en jefe del gobierno. Al respecto Teodardo González escribe: “Ayer en Miraflores en la brillante manifestación de la juventud le oí a usted el juramento de sostener nuestros derechos ante la rapacidad del extranjero”.
La Universidad Central de Venezuela suscribe un comunicado el 13 de diciembre, donde sus representantes y docentes “aplauden la digna y patriótica actitud asumida por el supremo Gobierno en el actual conflicto internacional”. Los universitarios aseguran “que en tamaña emergencia sabrán cumplir de grado con los deberes que impone el patriotismo”. Firman, entre otros, Luis Razetti, Pablo Acosta Ortiz y José Gregorio Hernández. En sus aulas organizaron el batallón universitario en defensa de la soberanía y la paz.
También los hombres de avanzada edad al verse inhabilitados para la lucha, no dudan en ofrecer los servicios de lo que más aman en sus vidas. Así lo hace Felipe Larrazábal quien escribe: “Acabado por enfermedades y dolores que me incapacitan, nada puedo ofrecer a mi país sino los deseos y los amores de mi corazón por el triunfo de su causa y la dignidad de su nombre. Pero ahí están mis cinco hijos: son de la Patria y están a las órdenes de Ud.”.
La Iglesia en pleno se puso del lado de la Nación. Como acto de fe, el 11 de diciembre “estuvo expuesta la Divina Hostia en todos los templos de la ciudad, para pedir al Dios de las Naciones cubra con su protección a Venezuela en el actual conflicto”. El presbítero Chirivella León, escribe: ‘Amenazada nuestra querida Patria por la fuerza y el despotismo, acudiré como sacerdote venezolano a prestar mis servicios en donde quiera que la religión y el patriotismo me llamen”.
Asimismo, los militares estuvieron a la altura de su deber. De la mayoría de ellos se puede decir lo que le dijera M. Romay Añez al defensor de la Fortaleza de San Carlos en el Zulia: “La conducta que nuestros compañeros observaron durante la hora de combate, los hace acreedores a la estimación de todos sus compatriotas y servirá de estímulo para los que no hayan tenido la oportunidad de experimentar igual satisfacción. La Heroica resistencia de Ud. trajo como corolario inmediato, la convicción en los invasores de que no era fácil su intento.
Como hemos visto, en el Archivo Histórico de Miraflores y en el resto de los Archivos Nacionales están los testimonios y demostraciones de nuestra grandeza y coraje como pueblo. Por consiguiente, resguardar los Archivos, modernizar sus servicios y socializar su documentación significa preservar nuestra memoria histórica, que está llena de actos de patriotismo que sirven de inspiración y aprendizaje en las luchas que emprendamos, siempre que sea necesario defender a Venezuela de cualquier asechanza extranjera.

