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Opinión

¿Gustavo Petro se despide «por ahora»?

Las relaciones con líderes mundiales como Nicolás Maduro y Donald Trump quedaron en el ojo del huracán debido a la complejidad del discurso y accionar petrista

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Caracas, Venezuela, 23 de julio de 2026.- El mandato del presidente de Colombia Gustavo Petro culmina el próximo 6 de agosto y hasta esa fecha quien ejerce el control administrativo en el hermano país es él y más nadie. Y hasta ese último día Petro pudiera estar iniciando un futuro mandato.

Durante su discurso en el marco de la conmemoración de la independencia de Colombia y la posterior instalación del Congreso colombiano, Petro dejó abierta la posibilidad de volver a intentar un nuevo mandato. Lo complejo está en saber si el pueblo colombiano sabrá analizar correctamente lo que implica un retorno de la izquierda política, bajo un discurso ambiguo de su líder político.

Es importante dejar claro que con la gestión de Gustavo Petro si hubo un cambio en Colombia, al menos en el discurso y la acción un poco más «cercana» a un pueblo al que entregó tierras y una forma diferente de palpar a la gente, lo que nunca encontró en las anteriores de la derecha, quienes se centraron más en mantener una buena relación con la DEA y la Casa Blanca.

¿Dónde está la ambigüedad del discurso petrista?

Quizás el problema de Gustavo Petro fue en la desconfianza que despertó un discurso y accionar ambiguos, al menos en su política exterior. Un buen ejemplo es la relación que sostuvo con el presidente venezolano Nicolás Maduro a cuya gestión puso en duda en varias oportunidades, a pesar que el mismo Maduro tendió la mano una y otra vez para expresar la necesidad de «trabajar juntos en beneficio de nuestros pueblos».

A esta actitud del presidente venezolano, hoy secuestrado por el gobierno de Estados Unidos, Petro le contestaba con una visita a Miraflores con apreton de manos, para luego decir en Bogotá que «Maduro es dictador porque concentra poderes, aunque no nos consta que tenga relaciones con el narcotráfico…». ¿Como confiar en un político así?.

Otro buen ejemplo de esa ambigüedad es su relación con el gobierno de Donald Trump con quién peleaba, se entendía, se reunía, se amaban y luego volvían a pelear.

Al menos recordamos el momento cuando Petro exclamó con cierta «adrenalina» que Donald Trump le llamaba «Good Man»… Aunque con el paso de los meses, el mismo Trump terminó apoyando a un candidato de la derecha rancia como De La Espriella, y apartó a un lado a su antigüo «Good Man».

En fin, la despedida de Petro con una «transitoria» ausencia, seguramente quedará para el análisis de una población colombiana que ahora sí conoce las bondades, defectos y virtudes de gobiernos de izquierda y derecha… Aunque la izquierda colombiana de turno no estaba muy clara.

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