Opinión
¡Volvamos a Carabobo! No hay Paz sin Libertad. El Ciclo de la Contraofensiva
Lea el artículo del TF Christian Medina Macero
¡Soldado Tuyo, Pueblo Mío!
I
Hay fechas que no pertenecen al calendario. Hay fechas que pertenecen al alma de los pueblos.
El 24 de junio de 1821 es una de ellas.
Carabobo no fue solamente una batalla. Carabobo fue una decisión colectiva. Fue el instante en que una nación naciente se puso de pie frente a uno de los imperios más poderosos de su tiempo y dijo con dignidad: hasta aquí llegaron las cadenas.
Aquella mañana no marchaban únicamente soldados.Marchaban campesinos, llaneros, indígenas, negros libertos, hombres humildes que quizás nunca habían leído un libro de estrategia militar, pero que comprendían algo esencial: la libertad vale más que la comodidad de la obediencia.
Por eso Carabobo sigue vivo. Porque antes de ser una victoria militar fue una victoria espiritual.
Simón Bolívar entendió una verdad que atraviesa los siglos. No existen pueblos pequeños cuando existe una causa grande. No existen ejércitos invencibles cuando una nación decide defender su destino.
Por eso escribió:
”La libertad es el único objetivo digno del sacrificio de la vida de los hombres.»
No era una frase para adornar discursos. Era una declaración de principios. Era la certeza de que Venezuela había nacido para caminar con sus propios pies. Y allí reside la grandeza de Carabobo. No en el número de fusiles. No en la cantidad de combatientes; Sino en la fuerza moral que convirtió a hombres comunes en protagonistas de la historia.
II
Cuentan algunos cronistas de la época que, durante los preparativos de la campaña, numerosos soldados llegaban sin uniformes completos, sin botas adecuadas y con enormes carencias materiales. Sin embargo, cuando se les preguntaba si estaban dispuestos a combatir, la respuesta era siempre la misma:
—»Hasta vencer.»
Aquellos hombres no luchaban por un salario.
Luchaban por una patria. Y cuando un pueblo lucha por una patria, la historia cambia de dirección. Doscientos cinco años después, la lección sigue intacta.
Carabobo nos recuerda que la independencia no es un documento guardado en un archivo.
La independencia es una tarea permanente. Es una conciencia.
Es una forma de existir.
Es la decisión de preservar nuestra soberanía frente a cualquier forma de dominación, venga de donde venga y adopte el rostro que adopte.
Porque los imperios cambian de bandera, cambian de lenguaje y cambian de métodos, pero conservan una misma ambición: imponer su voluntad sobre los pueblos.
III
Por eso Carabobo sigue siendo actual.
Porque la batalla por la autodeterminación jamás termina.Y allí aparece otro gigante de nuestra historia: El Comandante Hugo Chávez comprendió que la independencia conquistada por Bolívar debía ser defendida generación tras generación.
Por eso repetía una frase que terminó convirtiéndose en brújula política y moral:
«La independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás.»
Chávez no veía a Bolívar como una estatua inmóvil, lo veía cabalgando junto al pueblo.
Lo veía vivo en cada trabajador, en cada mujer luchadora, en cada joven dispuesto a defender la dignidad nacional.
Tal vez por eso, cuando recorrió el Campo de Carabobo siendo Presidente, expresó que allí todavía podía sentirse el eco de los libertadores. Y no estaba equivocado.
Quien camina por esas tierras comprende que existen lugares donde la historia permanece respirando.
Carabobo es uno de ellos.
Allí todavía parece escucharse el galope de los lanceros. Todavía parece levantarse el polvo de la carga patriota. Todavía parece sentirse el grito de quienes comprendieron que rendirse jamás era una opción.
IV
Esa es la herencia que recibimos. No una herencia de resignación. No una herencia de subordinación.
Sino una herencia de coraje, de rebeldía, de dignidad; De amor profundo por Venezuela.
Porque si algo nos enseñó el Libertador es que la patria no se mendiga: Se construye, se defiende, se honra.
Y si algo nos recordó Chávez es que un pueblo consciente jamás vuelve a arrodillarse.
Por eso, al cumplirse 205 años de la Batalla de Carabobo, no recordamos solamente una victoria del pasado. Celebramos una llama que continúa encendida.
La llama de Bolívar.
La llama de Chávez.
La llama de un pueblo que sigue creyendo en su derecho a existir con voz propia.
V
Que nadie se equivoque.
Carabobo no terminó en 1821.
Carabobo vive cada vez que un venezolano levanta la frente con orgullo. Carabobo vive cada vez que defendemos nuestra identidad. Carabobo vive cada vez que la patria se coloca por encima de cualquier interés extranjero.
Porque mientras exista un venezolano dispuesto a amar esta tierra, el espíritu de los libertadores seguirá cabalgando.
Y entonces volverá a escucharse, desde las sabanas inmortales de Carabobo, la voz eterna de Bolívar:
«¡Vacilar es perdernos!»
Y la voz profunda de Chávez respondiendo desde la historia:
«¡Aquí nadie se rinde!»
¡VOLVAMOS A LAS RAÍCES!
¡INDEPENDENCIA O NADA!
¡PATRIA SOBERANA O NADA!
¡VENCEREMOS!
Nos vemos en la próxima edición.

