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Suben a 21 los palestinos muertos por intenso frío en Gaza

La situación afecta directamente a las familias que han sido desplazadas por la agresión de Israel contra el pueblo palestino

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Gaza, 14 de enero de 2026. La Franja de Gaza se ha convertido en un escenario de desolación absoluta donde la crueldad del asedio israelí se encuentra ahora con la inclemencia de una masa de aire polar. Lo que era una crisis humanitaria inducida por los bombardeos se ha transformado en una catástrofe climática mortal para una población privada de todo medio de supervivencia. Hasta la fecha, el frío extremo se ha cobrado la vida de 21 personas, entre ellas 18 niños, cuyas muertes son el resultado directo de un sistema de protección totalmente pulverizado.

La vulnerabilidad de los palestinos ha alcanzado niveles sin precedentes. De las 135.000 tiendas de campaña que servían de precario refugio a los desplazados, 127.000 han quedado inservibles ante el embate del clima. Sin hogares, destruidos por meses de ataques sistemáticos, las familias palestinas enfrentan temperaturas congelantes sin mantas, colchones ni suministros básicos.

La escasez de medios para combatir el frío supera el 70% en toda la Franja, una cifra que se torna absoluta en las zonas más remotas. Lejos de ser un desastre natural, esta situación es agravada por la estrategia de la ocupación israelí, que ha bombardeado 303 albergues y 61 centros de distribución de alimentos, eliminando cualquier posibilidad de refugio o calefacción para miles de civiles.

Un sistema de salud en ruinas y la inacción internacional

Mientras la población agoniza, el sistema sanitario se encuentra en un estado de colapso total tras la destrucción de 38 hospitales y el cierre de 96 centros de salud. Esta aniquilación de la infraestructura médica deja a bebés, ancianos y enfermos crónicos en un estado de indefensión absoluta.

Pese a la magnitud de la tragedia, la respuesta de la comunidad internacional se ha limitado a declaraciones estériles. La ONU ha exigido la entrada de casas prefabricadas y materiales aislantes, pero estas peticiones chocan frontalmente con las restricciones impuestas por la ocupación, ante las cuales las potencias mundiales mantienen una pasividad cómplice.

“Más de 18.500 palestinos, incluidos unos 4.000 niños, necesitan evacuación médica urgente para tratamiento especializado”, advirtió Tedros Ghebreyesus, director de la OMS, en un llamado desesperado que hasta ahora ha encontrado poco eco en los gobiernos del mundo.

La tragedia en Gaza no es solo una crisis de suministros; es un testimonio de la inacción internacional que permite que el asedio israelí utilice el clima como una extensión de su arsenal de guerra. Sin una apertura real de las fronteras y un cese inmediato al bloqueo, el invierno terminará de sepultar a una población que ya ha perdido todo, menos su dignidad.

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