Opinión
Las cosas y la gente
Lea el artículo de César Trómpiz, Embajador de Venezuela en Bolivia
La gente no es cosa, hay quienes trabajan para convertir una persona en cosa y millones de personas en mercancía. La gente no tiene valor de cambio, no hay dinero en el mundo para comprar una persona: a menos que sea una cosa. El paso de la esclavitud al respeto de la dignidad humana es el entierro, al menos por un tiempo, de la concepción de cosa que el supremacismo tuvo sobre la gente. El retorno del esclavismo moderno es hacer rebaños de gente que es tratada como mercancía por toda la información que le han extraído las redes mal llamadas sociales.
Las cosas no son gente. El atributo humano no es posible cederlo a las cosas. Cuando las máquinas son «inteligentes» o «sensibles» tienen atributos que son humanos, pero esas cosas (las máquinas) no son seres humanos. El «amor» que se siente por las cosas es por haberle dado atributos humanos, sensibles, a las cosas, es por desvirtuar el papel de las cosas y de los seres humanos.
También sucede al revés: se cosifica a la gente. Quiere decir que se le da atributo de cosa a la gente. Eso es malo, porque se deja de ver a humanos y se comienza a ver «personas objetos» a quienes se les trata como a jarrones, o máquinas, o vehículos y no como gente, y nada con amor.
Una batalla central contra el capitalismo consiste en que cada ser humano sea tratado como humano y que las cosas sean tratadas como cosas y ellas estén al servicio del ser humano y no al revés.
Cuando las personas son tratadas como cosas se les descalifica y somete a los designios de los poderosos. El Estado Genocida de Israel trata como cosa al pueblo Palestino. EEUU trata como cosa a todo el mundo para imponer su supremacía. Venezuela quiere que a su pueblo no se le trate como cosa, nosotros defendemos nuestra dignidad y la de cada ser humano de nuestra nación.
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