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Golpe al Fair Play: las faltas de EEUU antes de empezar el Mundial
Desde el insólito trato a la selección de Irán, pasando por el hostigamiento a los atletas o la inseguridad reinante, EEUU destrozó el juego limpio
Caracas, 09 de junio de 2026. La Copa Mundial de la FIFA 2026 se celebra por primera vez en tres sedes: México, Canadá y Estados Unidos. Pero el desarrollo de esta edición en territorio estadounidense se ve empañado por una serie de irregularidades que ponen en entredicho el cumplimiento de los estándares morales y los derechos humanos fundamentales.
Lejos de la fiesta del fútbol que prometía la organización, el comportamiento de este país anfitrión ha derivado en un clima de tensión, segregación y discriminación que afecta gravemente a selecciones, árbitros y aficionados. Esta situación revela una preocupante complicidad por parte de la FIFA, organismo que ha guardado silencio ante acciones que, de haber ocurrido en otros países, habrían desencadenado sanciones severas.
Nada de Fair Play (Juego limpio), acá sólo hay zancadillas al desempeño deportivo por todas partes. A continuación, algunas de las más notables faltas estadounidenses que empañan la fiesta más grande del deporte mundial.
Segregación de la selección de Irán y obstáculos a su hinchada
Uno de los episodios más insólitos de esta edición es el trato dispensado a la selección nacional de Irán. A pesar de su participación activa en la etapa de grupos, el equipo ha enfrentado una prohibición de pernocta en suelo estadounidense, obligándoles a alojarse en Tijuana, México, ante la intransigencia del gobierno y las tensiones bélicas que mantienen ambos países.

Esta medida coercitiva no solo altera la preparación deportiva del equipo, sino que constituye un atropello diplomático sin precedentes en la historia del certamen, que por primera vez reúne a dos naciones en guerra.
Sumado a esto, se reportó esta semana una manipulación en la boletería diseñada específicamente para dificultar el acceso de los aficionados iraníes a los estadios, con el evidente propósito de silenciar el apoyo a su oncena y marginar su presencia en el torneo.
Arbitraje bajo asedio: El caso de Omar Abdulkadir Artan
La discriminación ha alcanzado al estamento arbitral, rompiendo con los principios de universalidad que el deporte debe promover. Omar Abdulkadir Artan, designado para ser el primer árbitro somalí en dirigir un encuentro en la historia del Mundial, sufrió la negación de su entrada a Estados Unidos por parte de las autoridades migratorias.

El Gobierno de Somalia calificó esta acción como «lamentable» y exigió explicaciones urgentes tanto a Washington como a la FIFA. Este veto no es solo un bloqueo administrativo, sino un ataque directo a la meritocracia, privando a un profesional calificado de cumplir su papel en la máxima cita del fútbol mundial debido a políticas de exclusión.
La FIFA, por su parte, se justificó explicando que la decisión escapa a su competencia, a pesar de ser el máximo organizador del torneo y contar con Omar Abdulkadir Artan entre sus miembros federados.
Maltrato sistemático y criminalización de delegaciones
El entorno de hostilidad se extiende a las delegaciones participantes, tratadas frecuentemente con sospecha y animadversión. Se han registrado denuncias sobre el maltrato a la delegación de Uzbekistán, cuyos miembros fueron objeto de procedimientos humillantes, siendo tratados como delincuentes por las autoridades locales durante su llegada.

Este comportamiento, alejado de cualquier cortesía diplomática o deportiva, crea una atmósfera de intimidación que afecta el desarrollo de los equipos y socava el espíritu de hermandad que la FIFA, en teoría, debería garantizar y proteger en todos los estadios del país anfitrión.
Interrogatorios injustificados y vulneración de derechos
El delantero iraquí Aymen Hussein, máxima estrella de su selección, sufrió una violación flagrante de sus derechos al ser detenido e interrogado durante casi siete horas en el aeropuerto O’Hare de Chicago.

Durante este tiempo, las autoridades estadounidenses procedieron a revisar el teléfono personal del deportista, un acto que excede cualquier protocolo de seguridad razonable. Mientras el jugador finalmente pudo ingresar al país, el fotógrafo de la selección, Talal Salah, fue detenido por más de 10 horas, sometido a un trato similar y, finalmente, expulsado bajo la denegación de entrada, dejando al equipo privado de sus herramientas de trabajo y bajo una presión psicológica inaceptable.
Inseguridad y clima de violencia en las sedes
La seguridad de las delegaciones en el Mundial se encuentra seriamente comprometida, como lo evidenció el reciente tiroteo ocurrido en las proximidades del sitio de entrenamiento de la selección de Inglaterra en Kansas City.

Este evento, que dejó un saldo de nueve heridos, subraya la incapacidad del país anfitrión para garantizar un entorno seguro y estable para las actividades deportivas. Asimismo, el malestar social se hace evidente en las calles, donde ya se reportan manifestaciones ciudadanas contra las actuaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), reflejando una conflictividad interna que se traslada directamente a la experiencia del evento deportivo global.
El silencio cómplice de la FIFA
Ante este escenario de irregularidades, la FIFA confirma su parcialidad indignante, actuando como cómplice de las acciones del gobierno estadounidense. La falta de condena ante la violación de los derechos de los atletas, el bloqueo arbitrario de personal técnico y la discriminación contra aficionados constituye una omisión grave de sus responsabilidades éticas.
Mientras otros países han enfrentado exigencias extremas por parte del organismo rector, en el caso de la edición 2026, la FIFA ha optado por un silencio que permite la normalización de la xenofobia, la segregación y el abuso de poder, dejando en evidencia que, en esta ocasión, los intereses comerciales y geopolíticos han prevalecido sobre la integridad del deporte.

La FIFA mantiene suspendida a Rusia de las competiciones futbolísticas desde 2022, cuando comenzó su operación militar en Ucrania. Desde entonces, Estados Unidos bombardeó Irán, Siria, Yemen, Venezuela y colabora con el genocidio que comete Israel en Gaza. A cambio, el presidente del organismo Gianni Infantino, le inventó un premio de la paz a Donald Trump. No más preguntas, señor juez.

