Opinión
¡Escepticismo! ¿No voto porque no me dieron carro?
La revolución ni se compra ni se vende, y en eso hay que estar claros antes de sacar juicios «a priori»
Caracas, Venezuela, 18 de julio de 2025.- Recientemente, el presidente de la República Nicolás Maduro Moros anunció la próxima creación de una misión que contribuirá en el cuidado de la salud mental de los venezolanos y contra el escepticismo; es necesario y urgente. Frases como «No voto porque no me dieron carro» y otras similares, no son obra de juicios con argumento sincero y coherente, más bien son consecuencia de una terrible campaña de mentiras que nace de laboratorios de oposición, pero también, de fallos en algunos personajes que expresan su afecto a la revolución, pero que en la práctica no lo ejecutan.
Con cierta tristeza se observa a un sector de la población expresar frases que indican un descontento «con la revolución», aunque en la realidad es un desánimo creado por las campañas de desprestigio y mentiras que idearon personajes como María Corina Machado y ese sector de la oposición amargada y radical.
Laboratorios creados para influir en la paz mental del venezolano
Esa campaña escuálida pero influyente: es la misma que dijo sobre Chávez que «Nos quiere quitar a nuestros hijos», y resulta que quien les quitó a sus hijos fue Estados Unidos, cuando separa a las familias migrantes venezolanas, llevando a los padres a una cárcel en El Salvador.
Pero además, esa campaña opositora ha creado malestar en la población con la utilización del dólar «paralelo». Es la misma campaña de desprestigio que en algún momento dijo que «Diosdado Cabello era dueño de muchas empresas en Venezuela».
También, es la misma campaña opositora que expresa irresponsablemente la supuesta vinculación de líderes políticos del chavismo con «El Tren de Aragua y otras mafias», aunque nunca presenten algún tipo de pruebas.
Lo peligroso de todo esto es que mucha gente cae en ese discurso y hasta lo cree. Esa gente tiene poca capacidad de análisis de los hechos reales, y prefieren desahogar sus inquietudes circunstanciales o económicas, creyendo en ese discurso de la extrema oposición, y terminan amargándose la vida. Allí entra en juego la salud mental.

Pero también hay errores desde «este lado» y allí hay que estar atentos
A este laboratorio de terror de la industria de insania mental de la oposición, cuyas cabezas visibles son los primeras que tienen algún tipo de trastorno mental, se suman algunas acciones de funcionarios o «líderes» revolucionarios que llevan al chavismo en la lengua, mas no en su accionar.
Son esos personajes que manejan los problemas cotidianos del venezolano, de una manera tan burocrática y con escepticismo, que terminan sin resolver la necesidad concreta de la población: Por ejemplo aumentando «en acuerdo» un pasaje a 23 bolívares cuando hay muy poco sencillo en la calle, y creando una discusión entre usuarios y transportistas.
Otro ejemplo es la aparente «desaparición» del Bono Familiar que antes caía a buena cantidad de jefes de familia, y que de un momento para acá solo cae a un grupo de personas bajo el concepto de Bono unificado, pero que no explican a la población por qué cae a unos y a otros dejó de caerles, lo que ocasiona la lógica especulación y escepticismo.

Es el manejo innecesario del discurso comunicacional excesivamente político, sin entender que el mismo presidente Nicolás Maduro ha dicho que «La mejor campaña electoral es la buena gestión» de alcaldes, gobernadores y concejales. Y vaya que en revolución se ha concretado obras y gestión como nunca antes.
La revolución ni se compra ni se vende
Todos esos detalles contribuyen a crear un clima de escepticismo que deja huella en el bienestar colectivo y permite ver en las calles un clima de tensión y con brotes de mal humor constante en la ciudadanía, y un descontento para asistir a futuras elecciones, es decir, los laboratorios opositores parecieran tener su impacto.
Sin embargo, decir que «No voy a votar porque no me dieron un carro» o por alguna otra necesidad que no satisfizo en lo personal algún personaje o funcionario público, es una muestra de debilidad política. La revolución ni se compra ni se vende, y en eso debemos estar claros los que sentimos en la piel este proceso político liderado eternamente por el comandante Chávez y personificado en este momento por Nicolás Maduro Moros.

Quien pretenda formar parte de este proceso político, solo a cambio de sus beneficios personales (un buen cargo, un carro, una casa, un bono…) debe tener la sensatez para quitarse de la piel a Chávez, y ponerse el traje de Mariacorinos que viven sembrando su amargura en la gente y no dejan nada bueno a la Patria.
Es necesario traer a Hugo Chávez al pensamiento y recordar lo que expresaba siempre: «No es momento de individualidades, aquí todos debemos remar para un mismo lado, y si a mi no me cae mi beneficio pero a la gran mayoría si, entonces sigamos la lucha para que a todos nos caiga el beneficio, pero nunca abandonemos a la revolución pues sería abandonar a Venezuela».

