Opinión
En el Afinque de Marín, San Agustín del Sur: El Látigo de los Tambores
Lea el artículo del profesor Gerónimo Sánchez García
En Caracas, el aire de San Agustín del Sur aún conserva su historia sedimentada, en calles que guardan memorias antiguas en sus grietas. Después de un tiempo, mis pies volvieron a pisar el camino hacia El Afinque de Marín, aquel espacio que en mis años de estudiante en el Liceo Andrés Bello, a finales de los sesenta, era refugio de risas juveniles y de mis primeros pasos en el trabajo de los barrios. En ese lapso se había tejido una telaraña sobre mis recuerdos, pero el 24 de enero de 2026, algo más poderoso que la nostalgia me convocaba: el latido de África que renacía en Caracas, al celebrarse el Día de la Cultura Africana y Afrodescendiente, decretado por la UNESCO el 17 de enero 2019.
Lo primero que impactó fue el sonido. Un rumor profundo, orgánico, que venía desde las entrañas de la tierra y se expandía por las calles de la parroquia. No era solo música; era memoria hecha ritmo y al cruzar el umbral, el espacio estalló en colores, movimientos, voces, con un desborde vital que tomaba cuerpo en todos los presentes.
Allí estaba África, no como un continente lejano, sino como una presencia viva, tatuada —como diría la poeta e investigadora Obdulia Molina Jara “somos descendientes de los que lograron sobrevivir y tatuaron en nuestros genes, la capacidad de resistir ante el invasor, que a costa de desgracias y desarraigo, consolidó y financió reinados en otros continentes”. La sentimos en la piel sudorosa de los tamboreros, cuyos músculos tensos parecían conversar con el cuero de los tambores; en las caderas de las mujeres que danzaban con una cadencia que era río, que era cosecha, que era resistencia. Todo era un acto de persistencia, cada canto, verso y música, eran un poema colectivo escrito a fuerza de dignidad.
El Afinque se sintió como un rincón icónico, que recibió a comunidades afrodescendientes organizadas, que vinieron de los Estados Miranda, Zulia, Aragua, Carabobo, Yaracuy, La Guaira, Apure, Monagas, Lara y Caracas. Rostros diversos unidos por un mismo sentimiento ancestral. En sus miradas vi algo más que celebración: vi fortalecimiento político, una identidad que se erigía con orgullo frente a los espejos rotos de la historia.
Las consignas brotaron naturalmente entre golpes de tambor y versos recitados: soberanía, paz, antiimperialismo. Voces que condenaban el secuestro de nuestro Presidente de la República Nicolás Maduro Moros y de la Primera Dama, Diputada Cilia Flores, ante la violación del derecho internacional, que expresaban respaldo a la Revolución Bolivariana y rechazaban la invasión militar armada de tropas norteamericanas, donde murieron en combate 32 cubanos y centenares de militares de las FANB, lo que evidencia que éste acto no es sólo un evento cultural, sino también un acto de soberanía.
Al final, mientras los últimos redobles se fundían con el crepúsculo, sentí que había presenciado algo trascendente, donde lo estratégico y lo espiritual se daban la mano. Felicité a los organizadores, no solo por la logística impecable, sino por haber unido en este evento a Venezuela con África en un todo que late con fuerza propia, recordándonos que algunos genes —los de la resistencia, la fe y la alegría— son indestructibles.
Con afecto y compromiso;
Prof. Gerónimo Sánchez García
Ex Rector Universidad Politécnica de Barlovento Argelia Laya

