China
China defiende sus capacidades comerciales frente a mentiras de Occidente
La potencia asiática deja en evidencia cada una de las narrativas que se han impuesto contra sus políticas comerciales
Caracas, 20 de junio de 2025 – Ninguna potencia occidental en su sano juicio se atrevería a declarar una guerra frontal contra China, debido a su conocido poder defensivo. A cambio, la guerra contra el gigante asiático se está dando en el plano comercial y mediático, buscando evitar la expansión de las relaciones chinas en el mundo.
Desde el primer gobierno de Donald Trump en Estados Unidos (EEUU), se declaró la llamada guerra comercial contra China, una medida unilateral y contraria a las normativas internacionales que rigen el comercio, bajo el pretexto de la “competencia desleal” y del “proteccionismo estatal” a las industrias de la nación asiática.
En aquella ocasión, algunos gobiernos europeos, dóciles a la influencia de Washington, cedieron al chantaje y también aplicaron algunas restricciones al comercio con China, a pesar de que la medida iba en dirección opuesta a sus propios intereses.

Ahora, el nuevo gobierno de Trump declaró una guerra arancelaria contra el mundo entero, pero es China el principal blanco de sus ataques. De nuevo, la narrativa del proteccionismo y la deslealtad comercial, surgen como excusas para la acción estadounidense, que pretende empujar al mundo entero a reducir sus relaciones comerciales con el gigante asiático.
Acompáñenos a conocer las profundas grietas de esta narrativa anti-China, como una de las tantas formas de manipulación y coacción de Occidente.
China devela la farsa del proteccionismo
Las potencias occidentales se impusieron la narrativa del proteccionismo del Estado chino a sus industrias, como excusa para acusarle de deslealtad comercial. Pero lo cierto es que no existen Estados más proteccionistas con sus empresas, que los mismos que señalan con el dedo a Pekín.
Desde que EEUU fue fundado como nación, el primer secretario del Tesoro de ese país, Alexander Hamilton, propuso proteger las industrias incipientes y apoyar al gobierno en el uso de inversiones, aranceles y subvenciones para respaldar la industria privada y la manufactura, con lo que el proteccionismo estadounidense a sus industrias, es una marca de nacimiento.

A lo largo de su historia, Washington aplicó políticas proteccionistas según convenga a sus necesidades, tal como hizo durante la Segunda Guerra Mundial con la publicación del informe «La ciencia: una frontera sin límites», que justificó el aumento de la protección estatal en la inversión en el ámbito de la investigación básica.
También lo hizo en este siglo XXI, cuando la crisis financiera de 2008 justificó su promoción de la reactivación de la industria manufacturera, o en 2014, con la aprobación de la Ley de Reactivación de la Industria Manufacturera y la Innovación de Estados Unidos.
Haciendo eco de sus socios al otro lado del Atlántico, la Unión Europea también se queja del supuesto proteccionismo de China como una medida desleal para el comercio, pero lo cierto es que tampoco tienen la moral de su lado para cuestionar.
En los últimos años, la Unión Europea relajó las restricciones a las subvenciones y aumentó su intensidad. Según estadísticas incompletas, entre 2021 y 2030, la Unión Europea proporcionará más de 1,44 billones de euros en subvenciones, préstamos, garantías de inversión y otras ayudas.
A cambio, China se muestra transparente ante esas acusaciones y devuelve la moneda con verdades. La política de subvenciones industriales de China se rige por los principios de apertura, equidad y cumplimiento, y no es selectiva, sino que se aplica por igual a todos los agentes del mercado.
Según el gobierno de la nación asiática, su política comercial se basa en “dejar que el mercado desempeñe un papel decisivo en la asignación de recursos y mejorar el funcionamiento del Gobierno”.
Agregan que los subsidios industriales de China cumplen estrictamente las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y están en consonancia con los compromisos adquiridos por ese país al adherirse al organismo. El gobierno chino es enfático al explicar que los subsidios que otorgan, se centran principalmente en la investigación y el desarrollo y en el consumo, y no están vinculados a las exportaciones.
Subvenciones buenas y malas
Occidente señala a China como una nación que afecta la economía de las naciones con un “exceso de capacidad productiva”, en referencia a que “inundan” los mercados con sus productos afectando la competencia con otras naciones que producen menos.
Esta narrativa es usada como excusa para limitar las exportaciones de productos chinos y la cooperación en materia de inversión, lo que constituye un proteccionismo descarado, así como una intervención y fragmentación artificiales del mercado mundial.
La visión sesgada de Occidente va en contra de las leyes económicas objetivas y los principios del mercado, perturba y destruye la estabilidad del comercio y la inversión mundiales y la cadena de suministro.

En el contexto actual de la globalización económica, la cuestión de la oferta y la demanda debe considerarse desde una perspectiva global, y no se puede etiquetar como «exceso» el hecho de que la capacidad de un país supere su propia demanda.
En consecuencia, no se puede decir que las subvenciones de China son malas y las de los países occidentales son buenas; que las subvenciones de China son una competencia desleal preocupante y las de los países occidentales son inversiones industriales cruciales; que las subvenciones de China distorsionan el mercado mundial y las de los países occidentales promueven la transición ecológica y el desarrollo de industrias estratégicas. Esto es un claro ejemplo de doble rasero y de acoso, lo que ha sido denunciado muchas veces por el gobierno chino.
La supuesta desviación del comercio de China
Tras la imposición de altos aranceles a productos chinos por parte de EEUU, legisladores e industriales europeos manifestaron su preocupación porque China “inunde el mercado” del viejo continente con sus mercancías a bajo costo, lo que “pondría en peligro” la industria de la región.
“El impacto comercial inmediato en Asia probablemente repercutirá en Europa”, afirmó Robin Winkler, economista jefe de Deutsche Bank para Alemania, al tiempo que agregó que los fabricantes chinos intentarán vender más productos en Europa y otros lugares, ya que se enfrentan a un formidable muro arancelario en Estados Unidos.
Desde Bruselas, funcionarios de la UE sostienen que “tendremos que tomar medidas de salvaguardia para más industrias nuestras”, y se declararon en estado alerta ante el riesgo de que los productores chinos busquen aumentar su participación en el mercado mediante descuentos.

Pero lo cierto es que es precisamente la UE la que sacó beneficio con esta situación. Durante el primer mandato de Trump, se impusieron 301 aranceles a China. Entre 2017 y 2024, la proporción de las exportaciones de China a Estados Unidos disminuyó del 19,0 % al 14,7 %, lo que supone una caída de 4,3 puntos porcentuales, mientras que la proporción de las exportaciones a Europa aumentó del 13,9 % al 14,4 %, lo que supone un aumento de solo 0,5 puntos porcentuales, en cifras de la OMC.
Durante el mismo período, las exportaciones de la Unión Europea a Estados Unidos crecieron a una tasa media anual del 6,8 %, y su proporción en las exportaciones totales de la Unión Europea aumentó considerablemente, pasando del 16,0 % al 20,5 %, lo que compensó la pérdida de cuota de mercado de China en Estados Unidos.
El llamado «desplazamiento comercial» es políticamente erróneo y confunde el problema central de que Estados Unidos es la fuente de la inestabilidad mundial. Es peligroso en la práctica, ya que puede provocar un «efecto dominó» en el que los países afectados adopten medidas restrictivas similares.
China insiste en que es necesario rechazar el unilateralismo y al proteccionismo de Estados Unidos, y «reestructurar» el comercio mundial mediante el fortalecimiento de la cooperación para mantener la estabilidad de la economía mundial.
China y el comercio con América Latina
Desde que en 1999 el Comandante Hugo Chávez viajó a la República Popular China, se abrió una puerta gigantesca para el comercio del gigante asiático con toda la región de América Latina y el Caribe. Antes de aquel evento, las relaciones entre China y la región, se basaban en cortesías diplomáticas y poco más.
Pero hoy, muchos países latinoamericanos tienen en China a su primer socio comercial, mientras que otro tanto ha establecido acercamientos diplomáticos en reconocimiento al principio de “una sola China”. Millones de dólares invertidos, majestuosas obras de infraestructura y el acercamiento cultural, han sido parte de estas ganancias.
El primer valor que China trajo a la región, es el del respeto y el trato de igual a igual, sin injerencia en las políticas internas y bajo la premisa del respeto mutuo. Pekín negocia por igual con naciones con gobiernos de derecha, que de izquierda.

Enrique Dussel, coordinador del Centro de Estudios México-China de la UNAM, en Ciudad de México, sostiene que «China es particularmente activa en su estrategia de cooperación Sur-Sur durante varias décadas… (promueve) una relación basada en el respeto, la igualdad y el beneficio mutuo. El contraste con las órdenes ejecutivas del presidente de EEUU desde que asumió el cargo en enero no podría ser mayor».
Obviamente, eso no gusta en los predios de la Casa Blanca, que ven como una amenaza el hecho de que China estreche relaciones con lo que en EEUU consideran su patio trasero. Es de esta manera que han buscado torpedear esta relación, y durante el gobierno de Donald Trump, esa política es mucho más explícita.
Fue de esta manera como lograron que el gobierno de Panamá cortara contratos con empresas chinas en el Canal, con la falsa narrativa de que China se apropiaría de la infraestructura del istmo. También, el gobierno de Trump lanzó una amenaza contra los gobiernos de América Latina, al decirles que se alejen de China y se acerquen a EEUU.
Sin embargo, ninguno de los que tienen firmes relaciones con Pekín, ha dado un paso atrás salvo Panamá que, presionado por la amenaza de perder el Canal, retiró los contratos con empresas chinas.
Las relaciones entre China y la región, siguen creciendo a pasos acelerados, al punto que se han establecido todo tipo de convenios estratégicos para varios años en el futuro.

