Opinión
José María Aurrecoechea y José Rafael de las Heras
Lea el artículo del historiador José Gregorio Linares
En septiembre de 1870 en Cuba un prisionero de 28 años es condenado a muerte. Se le había sentenciado por el delito político de rebelarse contra el gobierno español y luchar por la independencia cubana. El reo como acto de última voluntad pide que le permitan enviar una carta a su papá, en la que le dice: “Padre mío: son las dos de la tarde; dentro de dos horas debo morir. En estos momentos os dirijo mis respetos y afectos. Abrazad a todos mis hermanos. No os aflijáis; muero por una causa justa”.
El hombre que escribe esta carta se llama José María Aurrecoechea (1842-1870), apenas tiene veintiocho años de edad, y había nacido en Puerto Cabello, Venezuela. Llega a Cuba con el propósito de contribuir a su liberación del coloniaje español. En reconocimiento a su coraje y capacidad, le es conferido el grado de Jefe del Ejército Libertador de Occidente entre las filas de los mambises.
Al igual que él cientos de venezolanos lucharon durante la guerra por la independencia de Cuba. Tal fue nuestra participación en la lucha que el jefe militar cubano Manuel de Quesada afirma: “El pueblo de Venezuela es cubano por el amor que nos profesa”.
Igualmente, el cubano José Rafael de las Heras (1790-1822) participó en forma destacada en la guerra de independencia de Venezuela; especialmente en las decisivas Batalla de Carabobo y en los preparativos de la Batalla Naval del Lago de Maracaibo. Murió en combate en 1822 mientras lideraba un asalto a posiciones realistas. Tenía 31 años.
Recordar a los venezolanos que como José María Aurrecoechea lucharon por la independencia cubana; y a los cubanos como José Rafael de las Heras que combatieron por la independencia de Venezuela, es un acto de justicia, un canto a la unión de dos pueblos hermanos.
De allí que podamos repetir aquella estrofa del poema de Miguel Otero Silva titulado Yo no conozco a Cuba, que dice: “Para poner en fuga el instante cansado/que a todos nos acecha/nada mejor que recordar las vidas/de aquellos que cayeron /con el tranquilo orgullo de caer luchando”.
*José Gregorio Linares
Dir. del Archivo Histórico de Miraflores

