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Educación

Generación Z en EEUU llega a la universidad sin saber leer

Los estudiantes estadounidenses han perdido la comprensión lectora de textos complejos y hasta de frases

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Generación Z

EEUU, 16 de enero de 2026. Una alarmante tendencia educativa ha comenzado a ganar visibilidad en las instituciones de educación superior de Estados Unidos. Según reporta la revista Fortune, un número creciente de estudiantes universitarios pertenecientes a la Generación Z presenta serias dificultades no solo para analizar obras complejas, sino para la comprensión misma de frases individuales.

Este fenómeno se enmarca en un contexto de indicadores generales de lectura históricamente bajos en el país norteamericano.

La profesora Jessica Hooten Wilson, especialista en literatura y humanidades de la Universidad de Pepperdine, sostiene que el desafío actual ha trascendido la falta de pensamiento crítico para convertirse en una barrera lingüística primaria.

Wilson señala que muchos estudiantes muestran una incapacidad estructural para leer frases, lo que la obliga a realizar lecturas en voz alta durante las clases para intentar mitigar el problema. No obstante, incluso bajo esta modalidad, advierte que los alumnos a menudo no logran descifrar el significado de las palabras ni el sentido profundo de los textos asignados.

Esta crisis de comprensión coincide con datos recientes sobre los hábitos culturales en la nación. Según una encuesta global de la firma YouGov, en 2025 el 40 % de los estadounidenses no leyó un solo libro, mientras que el promedio nacional apenas alcanzó los dos libros por año. Esta cifra contrasta con la visión del sector empresarial y financiero; en una consulta realizada por el banco JPMorgan, más de 100 multimillonarios coincidieron en que el hábito de la lectura es la característica más importante que comparten las personas de élite con mayores logros.

El impacto de la educación estandarizada y la tecnología en la Generación Z

Para expertos como Timothy O’Malley, profesor de la Universidad de Notre Dame, la raíz del problema reside en el sistema educativo inicial, donde la lectura es presentada como una herramienta utilitaria y no como una actividad gratificante.

O’Malley explica que las pruebas estandarizadas han entrenado a los estudiantes para «escanear» información de manera superficial con el único fin de encontrar respuestas rápidas, lo que los deja desarmados frente a la complejidad de las novelas o las obras filosóficas.

La situación ha obligado a los docentes a reducir drásticamente las exigencias académicas. O’Malley relata que las asignaciones que antes oscilaban entre 25 y 40 páginas ahora resultan inmanejables para la mayoría de los estudiantes actuales.

Ante esta carga, los jóvenes recurren con frecuencia a herramientas de inteligencia artificial para generar resúmenes automáticos, sustituyendo el proceso de lectura activa por una interpretación simplificada que debilita aún más su capacidad de aprendizaje autónomo.

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