Opinión
Trump en su laberinto
Lea el artículo del periodista Randolph Borges
Donald Trump seguramente rompió varios récords negativos para cualquier presidente de Estados Unidos, unos cuantificables, otros no tanto. Todos ellos, sim embargo, son perjudiciales para el mundo entero, por ser éste el país con el poderío militar más grande del mundo, pero también para el propio pueblo estadounidense, que está cayendo víctima de un liderazgo cada vez más errático.
Un récord cuantificable lo reflejan encuestas como las realizadas por New York Times, AP y otras firmas consultoras, que ubican el rechazo a las políticas del magnate neoyorquino entre el 58% y 62%, el mayor que un mandatario estadounidense ha tenido en décadas. Su repudio también es el que ha crecido en menor tiempo, a poco más de un año de tomar las riendas de la Casa Blanca.
Pero los récords incuantificables pueden ser todavía más perjudiciales. Trump se encuentra ahora mismo en el peor de sus laberintos, llevado allí por sus propias decisiones ambiguas, su lenguaje provocador y su constante búsqueda de enemigos para, desde esa postura, lanzar ataques a todo aquél que cuestione sus políticas y sus métodos.
Desde la imposición de aranceles a más de dos tercios del planeta, incluyendo a socios históricos y estratégicos, la brutalidad de sus políticas migratorias, el cobarde bombardeo a pequeños botes a los que señala sin pruebas de transportar drogas, cometiendo asesinatos extrajudiciales y violando el derecho internacional, la militarización de ciudades gobernadas por demócratas, hasta llegar al extremo de pedir la pena de muerte para opositores que denuncian sus excesos, la administración del magnate acumula plomo en el ala y sigue inflando un globo que tarde o temprano estallará.
Pero hay todavía algo que le hace más daño al excéntrico gobernante: su pasado. La sola mención del caso del fallecido delincuente sexual, Jeffrey Epstein, saca de sus cabales al presidente y lo pone a la defensiva. Su más reciente rabieta la protagonizó frente a una periodista, a la que mandó a callar y llamó “cerdita” por preguntar sobre los vínculos que obviamente relacionan a Trump y Epstein. El pasado que lo atormenta, lo ha hecho cometer muchos errores en el presente.
Tras el incidente con la reportera, Trump ha tenido una semana para el olvido. El Congreso lo está acorralando cada vez más en busca de una explicación a su relación con el pedófilo fallecido en extrañas circunstancias, y también el legislativo lo está confrontando por los ataques lanzados en el mar Caribe y el Pacífico, a los que algunos legisladores, hoy amenazados de muerte por Trump, han calificado de ilegales.
Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado, dijo que las amenazas de muerte de Trump contra legisladores demócratas, a través de redes sociales, podrían tener consecuencias fatales. «Está echando leña al fuego en un país empapado de tensión política», dijo Schumer, y añadió que las palabras de Trump en Truth Social podrían incitar a sus seguidores más extremistas a ejecutar hechos de violencia.
Schumer no exagera. Este escenario ya lo vivió Estados Unidos cuando Trump mandó a sus seguidores a “darle rienda suelta a la arrechera” por la derrota ante Joe Biden, y los incitó a protestar en las calles y en las instituciones gubernamentales, lo que llevó a las violentas protestas que tomaron el Congreso del país.
Lo que más le dolió a Trump, es que los senadores y representantes demócratas que pidieron a los militares desobedecer las órdenes que puedan violar la ley, es que todos tienen una hoja de vida intachable en su labor militar o de inteligencia en el país, lo que lleva a pensar que sus palabras pueden tener eco en instancias castrenses, en las que cada día crece el recelo con los antojos presidenciales.
El Partido Demócrata respondió a Trump en la red social X, y dijo que «pedir la pena de muerte contra legisladores demócratas» es «absolutamente repugnante».
Con este panorama, Donald Trump apenas comienza el segundo año de su mandato. Con el rechazo mayoritario de su pueblo, el recelo de la comunidad internacional y los señalamientos de cometer crímenes sexuales, crímenes de lesa humanidad y la violación de innumerables acuerdos internacionales.
Todo luce sombrío para el magnate neoyorquino, que gobierna con el miedo como herramienta y el chantaje como arma de coacción. Pero Trump se muestra aún tranquilo, pues sabe que controla directamente la opinión pública, controla la maquinaria de poder sin intermediarios y sabe que puede comprar todo lo que tenga un precio, como ha hecho con jueces, políticos y naciones enteras. El magnate se siente por encima del bien y del mal, es él en su momento. Pero debajo, muy por debajo todavía, crece una fuerza incontenible que en cualquier momento le quitará la alfombra bajo sus pies. Veremos.

