Opinión
Ante el dolor de los demás
Lea el artículo del periodista Antonio Núñez Aldazoro
El título de este texto se lo debo a la intelectual estadounidense Susan Sontag, quien en 2003 escribió un libro sobre cómo las cruentas imágenes de una tragedia pueden causar sentimientos tan disímiles como la solidaridad, la rabia, el odio o la indiferencia.
Ante el dolor de los demás (Alfaguara, 2003) explora los efectos de un hecho desastroso, como la tragedia acontecida el pasado 24 de junio en nuestro país, y cómo ello puede conmovernos, indignarnos o, peor aún, volvernos insensibles.
Al inicio del volumen, Sontag recuerda las reflexiones de Virginia Woolf en 1938, en torno a la Guerra Civil Española, la inminencia de una nueva guerra en toda Europa y cómo los discursos mediáticos generados a partir de estos eventos afectaron la emocionalidad de la sociedad de entonces.
Como Woolf, pero en el siglo XXI y a escala global, la estadounidense acusa a “las noticias”, y sus imágenes, como las principales causas de una permanente conmoción colectiva, pues estas son las únicas representaciones con que cuenta el público para hacerse una idea de los desastres, las guerras y otros eventos trágicos que suceden en el espacio de lo real.
Sobre el tristísimo, inconmensurable y trágico suceso acaecido en Venezuela hace tan solo semanas, más allá de sus protagonistas (víctimas directas e indirectas, autoridades, funcionarios, rescatistas, etcétera), quienes consumen las informaciones generadas luego del evento, construyen “una realidad” a partir de esas representaciones, las cuales son mediaciones que están determinadas por los intereses de quienes las difunden.
Esa es la razón del porqué, como en el pasado, hoy en día se producen efectos tan disímiles que van desde la solidaridad hasta la indiferencia. Simplemente porque, aunque llevan el ropaje de “comunicación periodística”, es evidente que en muchos casos tienen otros propósitos, como provocar empatía o causar conmoción.
No se trata de censura o control de la información. Todos requerimos conocer qué ocurre en el espacio de lo real para construirnos una realidad, eso sí, de forma veraz y cercana a lo sucedido. Se trata de exigir un ejercicio ético de la labor de informar, tarea afectada no solo por los intereses particulares de medios y editores, sino también por los ahora denominados influencers, a quienes no les importa “el dolor de los demás” sino su fama digital.
IG: @ajunez_profesor

